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15 may 2009

La mafia que controla el robo de madera opera desde San Alfredo

(ABC).
La colonia San Alfredo es la base principal de la mafia que maneja el robo de madera del Parque Nacional Paso Bravo. Para combatir este grupo mafioso, urge aplicar mecanismos para impedir la salida de madera. El parque nacional es un recurso extraordinario y se convirtió en el último refugio biológico de la Región Oriental.

El Parque Nacional Paso Bravo está ubicado al norte del departamento de Concepción. Es un sitio extraordinario que ocupa una superficie de 110.000 hectáreas aproximadamente, resultado de la expropiación de tierras a la firma Compañía Inmobiliaria Paraguayo-Argentina SA (CIPASA), en el año 1995.
Paso Bravo y su área de amortiguamiento constituyen en este momento el último refugio de vida silvestre de todo el norte de la Región Oriental; lo que resta se encuentra devastado.
La debilidad del Estado paraguayo, la corrupción de las autoridades locales y la existencia de grupos mafiosos que controlan el tráfico de madera están causando estragos en Paso Bravo.
El parque nacional se encuentra cuadriculado por caminos que conducen a planchadas de donde se extrae madera en forma ilegal.
Alrededor del comercio ilícito de madera giran millonarios intereses, lo que explica el nivel de corrupción en torno al tráfico de rollos. La facilidad con que se desplazan los traficantes en la región, donde los caminos son escasos, refleja el nivel de complicidad de los organismos de control.

COLONIA SAN ALFREDO

La colonia San Alfredo está ubicada a 110 kilómetros al norte de Concepción, sobre el camino que lleva a Vallemí. La única actividad económica del lugar es el procesamiento de rollos robados del Parque Nacional Paso Bravo. Unos 10 aserraderos se disputan el comercio de madera.
El tráfico de rollos opera con dinero en efectivo, mueve un gran capital que incluye la compra de puestos de control de la Policía Nacional y el Instituto Forestal Nacional, a los que eventualmente pueden sumarse funcionarios de la Secretaría del Ambiente.
Rodeando el perímetro del parque nacional se instalaron una serie de poblados que viven exclusivamente del robo de madera. Son “campesinos sin rollo” que trabajan para acopiadores de madera, financiados en su totalidad por los aserraderos de San Alfredo.
Los “campesinos sin rollo” trabajan como asalariados de los acopiadores de madera, son responsables de abrir los senderos, montar las planchadas y operar las motosierras para acumular madera.
Los aserraderos, a su vez, facilitan equipo pesado para sacar la madera de las planchadas hasta los puntos de embarque, situados a lo largo del camino que lleva a Vallemí.
Una vez que los árboles llegan a los aserraderos, pierden su “identidad” y es imposible reconocer de dónde salieron realmente, lo que permite en cierto modo el blanqueo del comercio ilegal.
Alrededor de Paso Bravo no existen colonias campesinas dedicadas a la agricultura, sino pequeños poblados de asalariados de los aserraderos de San Alfredo, que reciben dinero a cambio de robar madera.

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