Ganadero y su capataz cayeron en emboscada
El ganadero Rómulo Rojas y su capataz Antonio Alfonso fueron engañados tras recibir una llamada en la que otro de los peones, presionado por los secuestradores, les dijo que había animales muertos en la estancia. Esto hizo que cayeran secuestrados.

Esta información fue brindada por el ministro del Interior, Francisco de Vargas, en conversación con radio ABC Cardinal este jueves. El titular de esta cartera manifestó que los secuestradores fueron hasta la estancia el martes por la noche y tomaron como rehenes a una cocinera y a peón del sitio. Este, presuntamente presionado por los delincuentes, obligó a esta persona –cuyo nombre no trascendió– a hacer una llamada a Rojas diciéndole que había animales muertos en su estancia.Tras recibir esta llamada, ya el miércoles por la mañana, Rojas y su capataz Alfonso fueron hasta la estancia, donde cayeron secuestrados. “Fue esperado (Rómulo Rojas) ayer y antes de ayer (…) Fue llevado por sus captores a caballo. Algunos de ellos supuestamente tienen ropas camufladas. Sin descartar ningún tipo de hipótesis, serían pequeños grupos delincuenciales o vecinos con los que tenía algunos problemas”, dijo De Vargas acerca de cuál es la hipótesis más fuerte que se maneja hasta el momento.El ministro del Interior manifestó que se habla de “tres o cuatro personas” que secuestraron a Rómulo Rojas y a su peón. “No estamos hablando de la necesidad de mucha logística. Algunos de ellos sí (tenían ropa camuflada), esa es la parte confusa. Tampoco es exclusividad de estos grupos terroristas (que usen ropas camufladas)”, manifestó, sin descartar la implicancia del EPP. De Vargas comentó que no manejan la cifra que pidieron como rescate. “Hubo ya comunicación con la esposa. No se habla de ningún tipo de monto en este momento”. Versiones aseguran que los delincuentes pidieron US$ 100.000.El caso se inició el martes a las 19:00, cuando tres delincuentes con uniforme de camuflaje y uno vestido de civil, armados con escopetas y revólveres, tomaron por asalto la estancia “Santa Catalina”, cuyo casco central está ubicado a 20 kilómetros del centro urbano de la colonia Hugua Ñandu y a 130 kilómetros de la ciudad de Concepción, capital del primer departamento.El lugar exacto del secuestro está a 15 kilómetros del camino que une Hugua Ñandu con Puentesiño y a solo cinco en línea recta del retiro “Santo Domingo”, donde había sido liberado el estanciero Fidel Zavala el 17 de enero de 2010, tras permanecer secuestrado por 94 días en poder del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que cobró US$ 550.000 para dejar libre al hacendado.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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