Otra Semana Santa sin Edelio
Doña Obdulia no se resigna. Ninguna madre lo haría. Alimenta sus esperanzas en cada feriado, pero no hay noticias. Las autoridades no tienen respuestas y ella no comprende cómo casi 2 años después no hay rastros de su hijo Edelio, secuestrado por el EPP.

“Ya es largo, son casi dos años; no puede ser que casi dos años después no haya rastros de una persona”, dijo doña Obdulia Florenciano sobre su hijo Edelio Morínigo, secuestrado el 5 de julio de 2014 por miembros del grupo criminal autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
En su casa de Arroyito, distrito de Horqueta, distante a unos 80 kilómetros de la capital del primer departamento Concepción, se dispone a pasar la Semana Santa. Como en cada feriado, alimenta con más fuerza la esperanza de volver a su hijo, contó en una entrevista con el corresponsal Aldo Rojas para ABC Cardinal.
Sin embargo, no hay noticias, no hay nada y ya no sabe qué decir o qué hacer. “No estamos completos y ese es el sentimiento que nos duele más, porque no tenemos rastro de él. Hubiese sido menos pesado si supiéramos que él está vivo; sin embargo, no tenemos noticias, nada. Nada. No sabemos qué vamos a decir ni qué vamos a hacer”, expresó en guaraní la mujer que tuvo noticias de su hijo por última vez en octubre de 2014, cuando apareció un video en que se veía a Edelio y Arlan -ya liberado-, en un campamento del grupo criminal.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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