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22 jun 2019

El duro trabajo de la chacra

ARROYITO, departamento de Concepción. Con el trabajo en la chacra, Apolonio Morínigo, de 59 años, pudo criar a 12 hijos, uno de ellos es Edelio Morínigo Florenciano, considerado como “prisionero de guerra” por el grupo criminal autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) y de quien nada se sabe desde hace casi cinco años.


 Hoy es el quinto año que no puede celebrar el Día del Padre rodeado de todos sus hijos. Clama por una información sobre el paradero de su hijo.

Oriundo de la pequeña colonia Salinas Cue, distrito de Horqueta, Apolonio Morínigo desde pequeño se dedicó a trabajar en la chacra. A los 16 años se mudó a la zona conocida como Lucero Cue, de la entonces colonia Arroyito, que hace pocos años se convirtió en un distrito.

El 15 de noviembre de 1980 se casó con Obdulia, con quien tuvo 12 hijos (8 varones y 4 mujeres) y son, por orden de nacimiento: Darío Aníbal, Milciades, Adalberto, Ricardo, Blanca Mónica, Edelio, Prisciliano, Del Rosaria, Antonio, María Estefana, Jacinto y Lorena Elizabeth.

Recuerda el agricultor que nunca tuvieron grandes necesidades, a pesar de haber vivido siempre en una comunidad campesina en donde la presencia del Estado en cuanto a salud y obras viales ha sido escasa. La falta de vehículo hizo que en varias ocasiones tuviera que cargar a uno de sus hijos para llevar a un puesto de salud. El duro trabajo en la chacra ha permitido a Apolonio Morínigo brindar techo, comida y educación a sus 12 hijos. “Mis hijos se criaron con el trabajo en la chacra”, sostuvo. Si bien este trabajo no siempre dejaba ganancias, veía la manera de generar para el sustento diario, con ayuda de sus hijos.

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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