Familias regresan a sus casas
CONCEPCIÓN. El nivel del río Paraguay registró una bajante de 20 centímetros desde el viernes hasta ayer frente al puerto de esta ciudad. La cota actual del cauce hídrico es de 5,40 metros.

El descenso del agua permitió que la isla Chaco’i ya no esté inundada. Esto hizo que sus habitantes dejen el albergue y vuelvan a sus casas después de cuatro meses.
En embarcaciones privadas y de la Prefectura Naval los pobladores de la isla cruzaban ayer el río Paraguay desde el puerto antiguo de Concepción hasta la isla que había quedado casi deshabitada debido a la riada. Los albergues para las familias damnificadas fueron el Centro de Desarrollo Municipal (CDM), los galpones ubicados en el puerto antiguo y el local privado donde anteriormente funcionaba el molino harinero y que está ubicado frente al puerto viejo. La mayoría de estos sitios quedaron vacíos porque desde el fin de semana se produjo el regreso de los moradores a sus respectivas viviendas.
Una de las pobladoras, María Angélica Benítez, señaló que regresó ayer a su casa, donde tenía una pequeña despensa. Indicó que este domingo un total de cuatro familias fueron las que volvieron a la isla, en tanto que otras dos también dejarán el albergue en los próximos días, pero no irán a sus hogares debido al deterioro que produjo el agua. Señaló que todas las casas tienen humedad debido a las inundaciones.
Agregó que para el traslado de sus pertenencias deben pagar a los dueños de motocarros para que estos puedan acercar sus muebles, enseres, ropas, electrodomésticos, entre otros a sus casas.
En la capital del primer departamento numerosas familias dejaron sus hogares tras la inundación. Las lluvias que se registraron entre los meses de marzo y abril último provocaron el desborde de ríos y arroyos que cruzan por esta parte de nuestro país.
C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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