Calera del norte rechaza denuncia de explotación
Eduardo Ojeda, coordinador de la Corriente Sindical Clasista (CSC), se reunió ayer con la ministra del Trabajo Carla Bacigalupo para denunciar que unas docientas familias están pasando hambre en la Calera Guraty, ubicada en el departamento de Concepción en el distrito de San Alfredo, donde funciona la planta fabril de la empresa Calera Guraty.
“La patronal viola de manera sistemática las leyes laborales y somete a una explotación esclavizante a los trabajadores”, denunció Ojeda.
Representantes de la Calera Guraty indicaron que es falso que estén pasando hambre y que solo están retrasados 13 días en el pago del salario. “La calera tiene 57 años y nunca tuvimos problemas. Eduardo Ojeda está manipulando a la gente en nuestra contra y les miente diciendo que se va a expropiar la tierra para ellos. Son 1.200 hectáreas de piedra que no sirven para el cultivo. Si se cierra la calera ya no van a tener de qué vivir”, dijo el representante que prefirió que se omita su nombre. Aseguró que no existen pruebas de lo que denuncia Ojeda.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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