Madre lamenta la liberación de supuestos violadores de su hija
HORQUETA. Una mujer cuestiona la liberación de tres hombres que el 25 de mayo del 2017 supuestamente violaron a su hija de 17 años, porque la fiscala Liz Argüello no acusó a los individuos en las instancias correspondientes.

La mujer señaló que los que supuestamente violaron a su hija fueron: Wilber Rosalino Villalba, César Ramón Yua Narváez y Arístides Villalba Romero. Recordó que los citados ingresaron de madrugada a la habitación de su hija donde arma de fuego en mano la violaron.
Sin embargo, aclaró que ella recién se enteró de lo acontecido unos cinco días después a través de una profesora del colegio donde asistía su hija. Consultada si porqué su hija no le contó lo que le hicieron respondió que fue porque recibió amenaza de muerte de parte de los autores.
La denuncia fue radicada el 30 de mayo del 2017 en la fiscalía local y en la Comisaría Tercera de Horqueta, pero afirmó que los supuestos violadores recién fueron aprehendidos el 13 de enero de este año. Sostuvo que desde esa fecha estuvieron recluidos en la Penitenciaría Regional de Concepción hasta la semana pasada porque fueron liberados por orden del juez penal de garantías, Hernán Centurión.
Indicó que este martes dialogaron con la fiscala, Liz Argüello, quien le contestó que los sujetos fueron soltados debido a que en el diagnóstico realizado por el médico forense, Dr. Crisrhian Ferreira no se observó prueba alguna.
La madre señaló que no están de acuerdo con la decisión de la fiscala, motivo por el cual la denunciarán ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Apuntó que también llegarán al Ministerio de la Niñez y de la Adolescencia para buscar justicia.
Se llamó unas cinco veces a la fiscal Liz Argüello, quien una vez más no atendió las llamadas. Esta no es la primera vez que la agente del Ministerio Público se rehúsa a conversar con la corresponsalía.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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