Falleció una luchadora de la Guerra del Chaco
HORQUETA. Una mujer que fue madrina de guerra durante la contienda del Chaco entre Paraguay y Bolivia falleció este miércoles a las 08:00 en la localidad de Calle 10, zona sur, jurisdicción de Alfonso Cue.

Una de sus nietas, Adelfa Gómez, dijo que su abuela María Octavia Romero, que nació en 1918 en Cerrito Totora, fue madrina de guerra del soldado Genaro Areco y otros.
El papel de las madrinas de guerra era enviar a los soldados alimentos, abrigos, cigarros, tabaco y bebidas.
Gómez manifestó que las madrinas estaban expectantes ante lo que pudiera sufrir un soldado, y si se enteraban de que habían sufrido heridas o lesiones, se ocupaban de ellos.
Indicó que al culminar la guerra su abuela se casó con el excombatiente Fulgencio Morínigo, con quien tuvo doce hijos, y dijo que fue una esposa y madre ejemplar.
Gómez recordó que su abuela se dedicaba a la elaboración y la venta de quesos, y como artesana hilvanaba prendas de lana con hilos del ovecha rague, además de confeccionar frazadas, ponchos y gorras de lana.
Agregó que la mujer dejó muchos descendientes a quienes formó con valores y que son ejemplares ciudadanos.
Los restos de María Octavia Romero son velados en Calle 9, zona de Alfonso Cue, en el domicilio de la familia Cabañas-Morínigo, y su sepelio será el jueves.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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