YBY YAU (ABC). Matones de la estancia “4 Filhos” ejecutaron a tres nativos en la zona de Yby Yaú, en la tarde del pasado sábado. El hecho habría sido en represalia por la captura de Jarvis Chimenes Pavão, dueño de la finca y jefe de una de las organizaciones criminales más importantes que operan en dicha zona del país.
Tres indígenas de la comunidad “Ybyraija” de la parcialidad “Pãi Tavyterã”, identificados como los hermanos Obdulio y Cornelio Ferreira, de 18 y 20 años, y Salvador Arce, de 40 años, fueron ejecutados, el sábado pasado, aproximadamente a las 16:00, en la zona de Pasiño, a unos 50 kilómetros de esta ciudad.
Los responsables de la masacre serían diez matones de la estancia “4 Filhos”, perteneciente al presunto capo del narcotráfico Jarvis Chimenes Pavão, quien actualmente se encuentra detenido en la cárcel de Tacumbú, señalaron fuentes oficiales.
Los matones, armados con armas de grueso calibre, atropellaron la aldea, reunieron a los nativos en un lugar, donde escogieron a los tres miembros de la comunidad, quienes fueron apartados del grupo y luego ejecutados frente a todos. Luego procedieron a prender fuego a los toldos construidos con madera y paja, con todos los utensilios que se encontraban en el interior.
La reacción de los “capangas” fue debido a que recibieron la información de que los nativos brindaron a los organismos de seguridad el dato que posibilitó la captura de Jarvis Pavão.
Luego de enterrar a las víctimas, unos cien indígenas abandonaron el lugar y se refugiaron en la colonia Yrapey, ubicada a unos 8 kilómetros de esta ciudad.
Terrible relato
Felicita Benítez, esposa de una de las víctimas, comentó que fueron sorprendidos por los sujetos e indicó que uno de ellos, a quien identificó como Rafael “ Mbarete”, les dijo que si no se retiraban del lugar los matarían a todos porque permitieron que los agentes policiales de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) ingresaran por la comunidad para detener a Pavão.
La mujer relató que el grupo de matones, entre los que también se encontraba un tal “Chicao”, los llevó a unos metros del lugar, donde desnudó a uno de ellos y, frente a ella y otros, dispararon contra los tres miembros de la comunidad.
La denuncia del hecho fue realizada el pasado domingo ante las autoridades de la zona, los cuerpos fueron encontrados por agentes de la subcomisaría de Pasiño. Fuentes policiales indicaron que los autores del hecho utilizaron escopetas calibre 12 y pistolas. El levantamiento de los cadáveres se realizó recién ayer, aproximadamente a las 10:00. Los cuerpos ya estaban en estado de putrefacción.
Se ocuparon del procedimiento el asistente fiscal Isidro Espínola, de la Fiscalía 1 a cargo de Camila Rojas, y el médico forense Dr. Manuel Ruiz Cañete.
La primera masacre
El tres de octubre del 2009, dos sicarios que presumiblemente operaban al mando de Jarvis Chimenes Pavão ejecutaron a tiros a Ambrosio Colmán (60), su hijo Alberto Colmán (26) y el pequeño hijo de este último, Rodney Colmán (3), debido a que sospechaban que esta familia estaba colaborando con los agentes de la Senad.
La ejecución fue en el kilómetro 140 de la Ruta V “General Bernardino Caballero”, cuando las víctimas estaban viajando a bordo de una camioneta.
Según los investigadores, la vivienda de la familia Colmán estaba ubicada en la entrada del camino que conduce a la estancia “Cuatro Filhos”, propiedad del narcotraficante y que en algún momento fue utilizado como base de operaciones de los antinarcóticos para vigilar los movimientos de Pavão.
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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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