Vías del tren de Casado están por desaparecer
PUERTO CASADO.- En Puerto Casado, Departamento de Alto Paraguay, hasta ahora existen los rieles de la ex vía férrea, parte de lo que quedó de la historia del Chaco durante la guerra.

Los rieles son objetos que constantemente, desde hace varios años, cuando se supo sobre el valor comercial, fueron usurpados por los mismos lugareños. Se venden a bajo precio y los compradores aprovechan la necesidad de la gente para llevar los metales a gran escala.
Últimamente salió al tapete una nota hecha por el propio intendente de la localidad chaqueña, Bernardino Garcete (ANR), que es una constancia que lleva el membrete de la Municipalidad de Puerto Casado y sello propio.
La constancia es del 31 de marzo de 2012, por la que autoriza a César Rodrigo Garcete para transportar rieles desde Puerto Casado hasta Loma Plata.
El autorizado es hijo del intendente y reside en Loma Plata, constatándose de esta forma que una autoridad comunal desconoce las leyes de protección que existen sobre los patrimonios históricos de la ciudad.
Esta actitud abre una brecha para que similares procedimientos ilegales se puedan formalizar con una simple nota institucional para poder extraer los objetos y sitios que forman parte de la rica historia del Chaco.
En noviembre del 2010, una comitiva policial había incautado de yuyales, a 30 kilómetros de Puerto Casado, una partida de rieles que posteriormente desaparecieron.
Existen resoluciones que obran en poder de las autoridades de distintos estamentos sobre la declaración de Patrimonio Histórico Cultural de los lugares y objetos.
Además de la resolución, la Cámara de Diputados en el 2011 declaró Patrimonio Departamental los rieles de la vía del ferrocarril en el Departamento de Alto Paraguay.
También el Artículo 81 de la Constitución Nacional favorece la protección y preservación de la historia del país.
Fuente: UH
C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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