Casamiento en hogar de ancianos
CONCEPCIÓN. Una pareja que vive en el hogar de ancianos “Monseñor Emilio Sosa Gaona”, de Concepción, se casó el sábado y se convirtió en el primer matrimonio que realizó su boda civil y religiosa dentro de un albergue, según los datos. Los protagonistas de esta peculiar historia de amor son Moisés Salinas (84) y Victoria Aquino (80).
Moisés Salinas es oriundo de la ciudad de Bella Vista Norte, departamento de Amambay, mientras Victoria Aquino nació en Horqueta. Contrajeron matrimonio en la tarde del sábado, durante una ceremonia muy emotiva.
El acto religioso fue celebrado por Mons. Pablo Cáceres, vicario de la diócesis de Concepción y Amambay. Luego se procedió al matrimonio civil. Ambas celebraciones se cumplieron dentro del hogar de ancianos, que funciona en el barrio Itacurubí de la capital del primer departamento.
Los novios se conocieron dentro del albergue hace un año, cuando la mujer ingresó al hogar, en tanto Moisés Salinas hace dos años y medio que vive en el lugar.
De acuerdo a los datos, Salinas es viudo y tiene cuatro hijos, mientras que Victoria Aquino es soltera y nunca tuvo hijos. Don Moisés dijo que apenas conoció a la señora ya le propuso matrimonio y ella le dijo que iba a pensar; la decisión no la tomó enseguida, explicó.
Por otro parte, doña Victoria Aquino explicó que su ahora marido le había dicho el primer día que era muy linda y luego pidió su mano. Ambos ancianos coincidieron en que estaban muy felices por haber concretado el matrimonio, que es lo que más deseaban.
La directora del hogar, Lucía Castro, dijo que la celebración del matrimonio del señor Salinas y la señora Aquino es el primero en un hogar de ancianos de nuestro país. Decidieron casarse y tuvieron el acompañamiento del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSP y BS), dijo.
Los del grupo “Por una sonrisa”, que componen personas que viven en Concepción, se enteraron de la intención de la pareja de casarse y decidieron organizar todo.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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