“Asaditeros”, expuestos a la inseguridad
HORQUETA. Entre el jueves 31 de diciembre y el domingo 3 de enero pasado dos vendedores de asaditos de esta ciudad fueron asaltados y heridos por malvivientes.

Los que se dedican a dicho negocio se colocan en la calle colectora de la ruta V; Gral. Bernardino Caballero para ofrecer sus productos. La primera víctima fue Raimunda Marín, quien fue atacada el jueves último en horas de la madrugada por cuatro sujetos que llegaron en motocicletas.
Los malhechores la hirieron con armas blancas en el brazo derecho, parte del pecho y se apropiaron de G. 350 mil, una cadena de oro y un celular. Marín, quien es madre soltera de ocho hijos, señaló que por la pobreza se ve obligada en retornar al lugar desde esta noche y ofrecer sus productos.
Dijo que es la única forma de lograr algún ingreso para el sustento de su familia. Afirmó que realizará su trabajo a pesar del temor que tienen por la inseguridad en la zona. Afirmó que a pesar de que el domingo último fue asaltado otro vendedor de los alimentos retornará en horas de la noche.
Dijo que en el lugar ubicado en las cercanías del surtidor Puma, necesitan de guardias policiales. Manifestó que ella vende sus asaditos desde la noche, luego que los vendedores diurnos se retiran del lugar.
Por su parte, familiares de Ramón Martínez, quien vende asaditos y otros alimentos en la esquina de la arteria Gral. Resquín con la calle colectora de la ruta V, confirmaron que el hombre fue asaltado entre la noche del sábado y el domingo por motochorros que lo hirieron en la cabeza.
Dijeron que lo llevaron a una clínica privada, donde los profesionales de blanco le cocieron la herida con once puntos. Martínez hasta este miércoles se encuentra internado en la clínica y aun no se sabe si continuará con dicho trabajo, debido a la inseguridad creciente en los últimos años.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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