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11 abr 2016

Una familia norteña encuentra a su madre luego de 39 años

CONCEPCIÓN.- Una familia norteña halló a su madre desaparecida desde hace 39 años. El reencuentro fue posible gracias a la Interpol.



Según los datos proveídos por los familiares, la señora Leonora Vega de Fernández (83) vivía con su esposo y 12 hijos en una comunidad rural de Yby Yaú, Concepción. Sin embargo, un día desapareció sin explicación y nunca más supieron de la mujer.

Con el tiempo, el padre falleció, pero los hijos no se rindieron y siguieron averiguando su paradero.

Con apoyo del comisario Luis Arias de la Interpol, los familiares pudieron encontrarla la semana pasada en la Villa Pueblo de Dios de la colonia Repatriación, Caaguazú.

Florencia Fernández Vega, una de las hijas, indicó que siempre indagó el paradero de su madre. “Nosotros nos quedamos en la incógnita de lo que motivó a mamá a tomar esa determinación, pero principalmente el amor de hijos siempre nos indujo a buscarla”, explicó. “La encontramos fuerte, vigorosa y entregada a Dios. Fuimos 4 hermanos y sentimos una emoción muy fuerte cuando nos abrazamos”, relató. “Mi mamá dice que no saldrá aún, porque le falta cumplir toda su misión pasto- ral”, agregó. No quisieron contar el motivo que la sacó de su casa. Los 12 hijos están en di- ferentes partes del mundo: Italia, España y Brasil. El resto está en el Norte. El reencuentro será en noviembre en Horqueta, para agasajar a su madre.

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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