Ruta Concepción-Vallemí no se inauguró y ya hay baches
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La ruta Concepción-Vallemí presenta numerosas imperfecciones. Foto: UH. |
Hace aproximadamente tres años inició la construcción de la obra Concepción-Vallemí. La obra aun no concluye pero el tramo trabajado ya presenta muchos baches.
El director de Vialidad, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), Ignacio Gómez, explicó que dos de los tres tramos de la ruta Concepción-Vallemí ya están concluidos y que ahora se enfocan en terminar el único que falta.
Son en total 170 Km y aun restan 10 Km para concluir este trayecto que debería llegar hasta el río Apa donde en un futuro se instalará un puente.
“Según las informaciones que tenemos, por esa ruta transitan camiones con cargas superiores a las permitidas”, comentó Gómez en contacto con radio UNO al ser consultado sobre los baches que ya se observan antes de la inauguración.
Por su parte, el intendente de San Lázaro, indicó que el tráfico no está cortado en la zona, sin embargo, las reparaciones y el bacheo son permanentes.
La primera parte cuenta con una extensión de 51 Km y estuvo a cargo del consorcio Tagatiya con un contrato de G. 133.832.991.320. El tramo número dos cuenta con 60 Kilómetros y corrió por cuenta de “Ty C SA” de Francisco Friñó con un presupuesto de G. 157.500 millones.
Finalmente, el trayecto pendiente es responsabilidad de la empresa Benito Roggio e Hijos, con 58,02 kilómetros con una disponibilidad de G. 147.617.205.185.
UH
C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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