Comunidades rurales divididas por camino en pésimo estado
CONCEPCIÓN.- El mayor déficit en el Departamento de Concepción sigue siendo el camino. Muchas comunidades rurales aún siguen aisladas, tal como el caso de San Isidro Boquerón, que queda entre los distritos de Concepción y Loreto.
La población ha dejado de comunicarse con Jhugua Bonete, Jhugua Guazú y Paso Barreto porque un tramo de 700 metros de la vía está en pésimo estado, que no permite el tránsito de vehículos. Solo a pie y a caballo hay comunicación. En época de lluvia ni siquiera se transita en motocicletas.El mantenimiento del camino estaba a cargo del consorcio Mantenimiento Rural, una empresa privada que embolsó G. 16 mil millones a través de un contrato con el MOPC para mantener 405 Km de caminos rurales en los departamentos de Concepción y Amambay. Sin embargo, según los pobladores, nunca cumplió con su compromiso, ya que con equipos obsoletos solo realizó pequeñas perfiladas en los tramos menos complicados.Según Dionisio Paredes, presidente de la comisión vecinal de la comunidad, hace casi 2 años que sufren la consecuencia del mal estado del camino. "Esta parte es lo que nunca pudo solucionar la empresa privada, la Municipalidad de Loreto también ayudó en algo, pero la de Concepción nunca apareció", explicó.Los pobladores esperan que tras esta denuncia, las instituciones funcionen y reparen de inmediato el camino intransitable que les imposibilita a salir con sus productos agrícolas. En el departamento están con maquinaria vial la Gobernación, municipalidades y el Comando de Ingeniería.UH
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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