La FTC libera zona para negociacion de los Urbieta con secuestradores
Concepción.- Transcurren los días y los familiares de Félix Urbieta aguardan impacientes la prueba de vida para poder cumplir con las exigencias de los secuestradores. Tal pedido lo realizaron en la conferencia de prensa el pasado lunes y ahora están a la espera.
Fuentes cercanas a la investigación confirmaron que la zona prácticamente fue despejada de efectivos de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) para permitir que se realicen las negociaciones. Los familiares dijeron en la conferencia estar en condiciones de cumplir con las exigencias, pero pidieron una prueba de vida.Hoy se cumplen 98 días del secuestro del ganadero por cuya liberación exigieron inicialmente 500.000 dólares americanos.No se sabe si después del pedido de los familiares hubo algún tipo de comunicación de los captores, por lo que la situación en la zona es de tensa calma.DIFERENCIAS. Existen varias diferencias entre los procedimientos realizados por los secuestradores de Abrahán Fehr, Franz Wiebe y Félix Urbieta.En el secuestro de los dos primeros dejaron panfletos con logotipos del EPP, mientras en lo de Urbieta las exigencias fueron escritas en una hoja de cuaderno común.Asimismo, en los dos primeros casos no hay comunicación ni prueba de vida, al igual que en el caso de Edelio Morínigo, mientras en lo de Urbieta ya hubo comunicación y prueba de vida.Los investigadores de la FTC sostienen que Félix Urbieta fue llevado en cautiverio por parte de un grupo que fue expulsado del primer anillo del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Esta organización estaría liderada por Alejandro Ramos Morel, su esposa Lourdes Ramírez y sus dos hijos adolescentes.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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