Reforesta bosques y produce miel en Horqueta
HORQUETA, Concepción. El docente jubilado Gregorio Torales produce miel natural de abeja en un bosque de siete hectáreas de su propiedad, en la compañía Costa Romero, a unos 5 km del casco urbano de esta ciudad.
El ciudadano dijo que en el año 2006 instaló en el pequeño bosque siete colmenas elaboradas de madera para que las abejas produzcan miel. Explicó que, a diferencia de la miel elaborada industrialmente, él no utiliza jarabes de azúcar, para que así su producción sea natural.
Explicó que plantó en el lugar especies de árboles nativos, eucalipto y cítricos, para la floración que necesitan las abejas para la producción del delicioso fluido.
Anualmente, produce 60 litros de la miel, principalmente para consumo familiar. Señaló que no los vende abiertamente, que se limita a los amigos, familiares y algún que otro interesado.
El precio de la miel en el mercado es de G. 30.000 por litro, y el rubro le genera un ingreso de unos G. 1.500.000. No es un gran negocio, pero Gregorio Torales indicó que para él es un placer ver las abejas trabajar conjuntamente para producir la deliciosa miel. Afirmó que el producto natural no se descompone rápidamente, como suele suceder con la industrial.
Instó a los campesinos a reforestar sus tierras, cuidar los bosques que aún quedan e instalar colmenas para la producción de miel destinada al consumo familiar.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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