Familiares de Félix Urbieta piden prueba de vida a miembros del EPP
Liliana Urbieta, hija de Félix Urbieta, pidió este jueves, a través de un comunicado, una prueba de vida a los miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), quienes tienen en cautiverio a su padre desde hace 302 días.
"Ante la falta de noticias, hoy a 302 días del secuestro, la familia queremos implorar a los captores una prueba de vida de don Félix Urbieta, ya pasó bastante tiempo y es difícil sobrellevar esta situación que nos genera mucha angustia y a toda la comunidad", expresó Liliana Urbieta.Además, pidió a los captores alguna información con precisión que les puedan hacer llegar, ya que están atentos día y noche procurando conseguir y ponerse al tanto de la propuesta de los miembros del EPP."Agradecemos a todas las personas de bien, a los familiares y a los vecinos que siempre nos apoyan, y también a los señores de la prensa por su comprensión de siempre y en esta ocasión pedimos también su comprensión de que no podemos emitir opinión alguna más que este comunicado", concluyó.Félix Urbieta fue secuestrado el 12 de octubre de su estancia ubicada en Belén, Departamento de Concepción.En febrero de este año los secuestradores que lo mantienen en cautiverio enviaron a sus familiares un video de pocos segundos en donde el ganadero menciona que es el 25 de enero y, como referencia, dice que el 24 de ese mismo mes jugó la Selección Paraguaya Sub 20 contra Chile por el Sudamericano.En el material audiovisual también se puede observar al hijo de Alejandro Ramos armado y a otro integrante cuyo rostro debe ser corroborado por los investigadores.En un principio los delincuentes pidieron el monto de USD 500.000 para liberar a Urbierta y posteriormente se bajó a USD 300.000.UH
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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