Felix Urbieta, un año en cautiverio
El ganadero Félix Urbieta Ramírez cumple hoy un año de cautiverio en poder del autodenominado Ejército del Mariscal López (EML) que lidera el exdirigente de la Organización Campesina del Norte (OCN) Alejandro Ramos Morel.
Los familiares del secuestrado participarán hoy, a las 18:00, de una misa en la iglesia de Horqueta, departamento de Concepción. Se espera que luego emitan un comunicado.
En la noche del miércoles 12 de octubre de 2016 dos jóvenes fueron quienes llegaron hasta la estancia “San Francisco” ubicada en la compañía Belén Cue a unos 15 kilómetros de la ciudad de Horqueta. Siempre según los testigos, uno de los desconocidos se identificó como el hijo de Alejandro Ramos. Precisamente la esposa de Ramos, Lourdes Bernarda Ramírez, es sobrina del secuestrado.
En principio los integrantes del EML pidieron medio millón de dólares para la liberación del hacendado. Luego de las negociaciones se supo que los captores bajaron sus pretensiones a 350.000 dólares, suma que los allegados del tío del intendente de Horqueta, Arturo Urbieta (ANR), no habían podido juntar.
El pasado 7 de setiembre Liliana Urbieta, una de las hijas del cautivo, en un comunicado leído en reunión de prensa pidió a los secuestradores negociar la liberación de su padre y rogó información sobre la situación de salud del ganadero.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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