Cumplirá 107 años y espera la visita de sus hijos
CONCEPCIÓN.- El 23 de agosto próximo cumplirá 107 años, es una mujer que dio vida a siete hijos y vive con una hija en Concepción. Se trata de doña Benicia Silva, de 106 años, quien reside en una vivienda del oratorio Niño Milagroso con la custodia de su hija María Elena Silva vda. de Areco, quien se dedica al lavado de ropas para la sobrevivencia.
Doña Benicia carece del sentido de la vista y ya no camina, pero aún tiene fuerza para sentarse en su cama y conversar brevemente con los visitantes. Entre las pocas cosas que sostuvo, se entendió el reclamo de que sus hijos le visitan poco y que le gustaría compartir con ellos hoy.
De los siete hijos, cuatro aún viven; uno en Pedro Juan Caballero, otro en Ycuá Hovy (rural) y dos en Concepción. Sin embargo, la que a diario cuida de ella es María Elena, de 50 años.
Si bien las dos mujeres viven en una vivienda perteneciente a la Iglesia Católica y no pagan agua ni luz, la hija debe lavar ropas ajenas a fin de comprar los alimentos. Contó que hace 15 años residen en la vivienda del oratorio como caseros. Su marido falleció hace un año y se quedó sola a atender a su madre. Los interesados en ayudar a la familia pueden llamar al (0972) 431-037.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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