Labriegos de Horqueta buscan mercado para el feijão
HORQUETA. Agricultores de las compañías de este distrito no pueden comercializar toneladas de granos del feijão, debido a que no encuentran mercado para las ventas.

Un concejal municipal de este municipio, Virginio Ortíz (ANR), informó que en la localidad de 25 de Abril hay compañías aledañas que cultivaron 100 hectáreas del producto, que desean vender pero no saben dónde. Dijo que en todo el distrito se cultivaron aproximadamente 300 hectáreas o más del producto, que se encuentra en plena cosecha, e indicó que los labriegos lo venden en los alrededores de sus localidades a un precio ínfimo para acceder a los recursos económicos.
Ortiz manifestó que los granos de los frijoles cosechados y guardados en un depósito pueden aguantar hasta dos meses antes de que venzan, pero los campesinos desean comercializarlos más rápidamente para salvar la situación.

Por otra parte, expresó que en estos días los agricultores ya empezaron a cultivar las cucurbitáceas, sandías y melones, sin tener un mercado seguro por la falta del acompañamiento del Gobierno, pero lo hacen por hacer, para tenerlas listas en los últimos meses del año para las ventas. Señaló que en estos días se reunirá con el intendente municipal de esta ciudad, Jorge Urbieta (ANR), para que se comunique con las autoridades nacionales y buscar una salida para el inconveniente.
Por su parte el jefe del ejecutivo municipal, Urbieta, consultado al respecto, respondió que intentará hablar con las autoridades del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) para ver dónde comercializar los productos. Sin embargo, aclaró que en estos días es imposible dialogar con las autoridades por el proceso de transición, debido al cambio de gobierno, y sostuvo que luego de que asuma la presidencia de la República Marito Abdo Benítez, el miércoles 15 de agosto próximo, se buscarán los conductos necesarios para acceder al mercado.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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