Irracional quema de basura en Horqueta
HORQUETA, Concepción. Un gran porcentaje de la ciudadanía quema o arroja basura a la calle o baldíos indiscriminadamente en esta ciudad, y las autoridades municipales no detienen esa dañina práctica.

En la tarde de ayer, vecinos de una estación de servicio incineraron desechos cerca de la infraestructura del local, donde se encuentran tanques de combustibles que pudieron haber explosionado. Las personas que realizaban la quema, al percatarse de la presencia de la prensa, inmediatamente se apresuraron en apagar las llamas.
Generalmente, la incineración de desperdicios, de neumáticos de vehículos y pastizales, se realiza en las últimas horas de la tarde y las humaredas contaminan el ambiente.
Los ambientalistas de Horqueta solicitan que las secretarías municipales de Agricultura y del Ambiente realicen un control efectivo (o campaña de educación) para detener esas prácticas que la gente realiza por desconocimiento.
La especialista en ciencias ambientales Antonia Ramona Martínez dijo que es hora de que las autoridades tengan en cuenta que se está matando al mundo con la quema de cualquier material y que con ello se contribuye con el calentamiento global de la Tierra. “La contaminación ambiental aumenta y en estos tiempos ya no vivimos en un ambiente saludable como el que teníamos hasta los años 1970 y 1980”, expresó Martínez.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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