Carpintero construye respirador casero
Debido a la situación de emergencia y la precariedad del sistema de salud pública en Concepción ante la pandemia del coronavirus (Covid-19), Juan Bareiro, quien es carpintero, ideó un respirador de intubación que puede sostener a dos pacientes al mismo tiempo. El prototipo ya fue presentado a algunos médicos concepcioneros.

El joven espera la certificación de las autoridades sanitarias para continuar con el proyecto y posterior fabricación del respirador casero, que puede ayudar como contingencia en caso que se requiera el uso en los hospitales de Concepción.
PROYECTO. Juan Bareiro es del barrio Inmaculada y aprovechó los días de aislamiento domiciliario para elaborar el equipo casero.
En tres días completó la máquina con respirador, que es eléctrica y funciona a batería. En caso de urgencias, podría salvar dos vidas al mismo tiempo, dijo.
El carpintero realizó una inversión para poder fabricar el prototipo. “Me costó unos G. 4.000.000 con material reciclado y según exhibí a algunos profesionales médicos, me dijeron que tiene todas las especificaciones para funcionar perfectamente”, indicó.
Bareiro relató que ya mostró a las autoridades sanitarias de Concepción, pero que aún no le dieron muchos créditos por el proyecto.
INICIATIVA. “Nosotros estamos en condiciones de fabricar varias máquinas si es que interesa a las autoridades, solo que debe ser con piezas nuevas de automóviles”, señaló Bareiro. Mencionó que en el fondo la idea es salvar vidas, porque considera que si llega la pandemia en Concepción se pueden requerir muchos equipos.
Los respiradores son equipos que se requerirán para muchos pacientes graves con coronavirus. En el país, hay escasos equipos.
“Con 50 máquinas de estas, al mismo tiempo podemos salvar a 100 vidas”, estimó. El carpintero aguarda la aprobación del proyecto.
UH
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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