Dos abatidos integraban el Ejército del Mariscal López
Concepción, 2 ago (EFE). -Las fuerzas de seguridad confirmaron anoche que las dos personas muertas en un enfrentamiento con militares en el norte de Paraguay son miembros del grupo armado Ejército del Mariscal López (EML), que en 2016 secuestró a un ganadero de quien desde entonces no se tienen noticias.
Uno de los fallecidos fue identificado como Alejandro Ramos, de 22 años, cuyo padre, con el mismo nombre, es considerado líder de ese grupo, una escisión de la guerrilla Ejército Paraguayo del Pueblo (EPP).
El Comando de Operaciones de Defensa Interna (CODI) informó que Ramos y su acompañante murieron en un enfrentamiento pasada la tarde del domingo con integrantes de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) en una zona a 16 kilómetros de la localidad de Horqueta, en el departamento de Concepción.
La familia del ganadero Félix Urbieta había señalado a Ramos hijo como uno de los autores de su secuestro, en 2016 cuando se encontraba con su esposa en su finca de Horqueta.
Los familiares, que reconocen que no pudieron reunir la cifra exigida por los secuestradores para su puesta en libertad, vienen pidiendo desde entonces una prueba de vida de Urbieta.
Alejandro Ramos padre, el considerado líder del EML, habría organizado el grupo tras diferencias con los dirigentes del EPP, guerrilla que hace un año secuestró en su estancia del norte del país al exvicepresidente Óscar Denis, de quien se desconoce su paradero.
Al EPP se le atribuye el atentado con bomba que la semana pasada mató en el norteño departamento de San Pedro a tres integrantes de la FTC, la unida creada para combatir a esa guerrilla.
Los militares murieron al explosionar un artefacto al paso del camión en el que viajaban y del que eran los únicos ocupantes, en un camino rural cuando realizaban una patrulla.
Fundado en 2008, las autoridades calculan que el EPP es responsable de unos sesenta asesinatos, entre policías, militares y civiles.
La guerrilla se financia secuestros y el cobro del "impuesto revolucionario" a empresarios agroganaderos del norte.
Otra escisión del EPP, la Agrupación Campesina Armada Ejército del Pueblo (ACA-EP), que se creía desarticulada, reapareció a inicios de mes con el secuestro y asesinato de un hombre de 23 años, hijo de los dueños de una estancia en el departamento de Concepción.
EFE
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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