El vori vori sigue siendo el mejor plato del mundo
El tradicional vori vori paraguayo sigue en el puesto número 1 en el ranking Taste Atlas en su edición 2026. La plataforma destaca que es uno de los platos más representativos del país.
El vori vori paraguayo fue destacado por la plataforma internacional Taste Atlas en su edición 2026 como uno de los platos más representativos de los hogares del país, resaltando su lugar dentro de la gastronomía tradicional y familiar.
El reconocimiento pone en valor no solo la receta en sí, sino también el vínculo entre la vida social, el ritual doméstico y la mesa como espacio de encuentro. En Paraguay.
“Es una sopa paraguaya elaborada con pequeñas bolitas de harina de maíz y queso cocinadas en un caldo que a menudo incluye pollo, verduras y hierbas. Es un plato básico tanto en las zonas rurales como urbanas del país. Su origen está ligado al uso tradicional del maíz y las aves de corral en la cocina guaraní y, posteriormente, a prácticas culinarias mixtas documentadas en registros domésticos y relatos regionales de los siglos XVIII y XIX, donde se elaboraban masas de maíz formando bolitas densas para aprovechar al máximo los ingredientes durante épocas de escasez”, señala parte de la reseña de la conocida plataforma.
Seguidamente destacan que el vori vori se consume en todo Paraguay en cocinas domésticas, reuniones rurales y pequeños restaurantes, a me
nudo como plato principal durante el clima más frío. Lidera el ranking desde diciembre del 2025 luego de ser elegido dos años consecutivos como la mejor sopa.
Desde la Secretaría Nacional de Cultura destacan que este tipo de reconocimientos internacionales contribuye a visibilizar la riqueza culinaria del país y el valor simbólico de sus platos tradicionales.
Fuente: UH
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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