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12 ago 2012

"Hidroeléctrica en Concepción es inviable"

“Es una simple quimera sin ningún sustento técnico, como la venta de energía a Uruguay o a Chile, o peor, podría ser un fraude como la maquinización de la presa Yguazú”, señala el ingeniero Ernesto Samaniego, ex alto funcionario de la ANDE, en relación al plan de una central en Concepción. 

Una opción un poco más realista sería estudiar la instalación de las PCH (Pequeñas Centrales Hidroeléctricas) sobre el río Ñacunday, ya que se tienen datos hidrológicos, que están en el departamento Estudios de Campo de la ANDE.
Explica que los costos de capacidad de las pequeñas centrales, a precios de mercado, son muy variables y están entre US$ 1.000 kW a US$ 4.000. “Casi en la generalidad de los casos se cumple que a igual potencia corresponden menores costos, con mayores alturas y menores caudales y viceversa, mayores costos corresponden a menores alturas y mayores caudales. Podría estimarse un costo medio de US$ 3.200 a 3.500 kW”.
Por tratarse de proyectos con costos fijos, el precio de la energía estará asociado al factor de carga de la central. “Cuanto más tiempo se despache la central a plena capacidad, menor será el costo de la energía ya que el costo anual equivalente se mantendrá constante”, explica.
Dependiendo de la incidencia de costos de inversión por unidad de capacidad, del aprovechamiento de esta capacidad instalada y de la tasa de descuento utilizada en la evaluación, los costos de la energía producida en las PCH pueden variar en un rango de valores que van de US$ 40 MWh hasta 400.

Fuente: ABC

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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