Pagos indebidos por obras en la Gobernación
Un examen de la Contraloría General a la Gobernación de Concepción detectó el pago de más de G. 500 millones por obras hechas en esa región. Se recomienda exigir que se corrijan los vicios hallados o recurrir a la justicia.

La falta de controles oportunos y eficientes por parte de la Gobernación de Concepción, tanto sobre el pago de las obras ejecutadas o en ejecución como en relación a la calidad de los materiales utilizados y los trabajos hechos, han permitido no solamente graves perjuicios económicos sino también claras deficiencias técnicas en las obras emprendidas en dicho departamento, según las principales conclusiones de un análisis hecho por la Contraloría sobre el periodo administrativo correspondiente al año 2011.
En ese tiempo el gobernador era Emilio Pavón, quien luego renunció al cargo para candidatarse a la diputación del departamento norteño.
En cuanto al dinero, la Contraloría halló una diferencia de G. 508.098.477, casi el 41% del monto total contractual muestreado, de G. 1.229.500.596.
Los técnicos llegaron a la conclusión de que la Gobernación actuó en contra de sus propios intereses, pues además de la pérdida económica, existen serias deficiencias en las obras debido a que hay incumplimientos de las especificaciones técnicas en la ejecución, “acarreando con ello la provisión de productos y/o de servicios no acorde a lo ofertado”, amén de que “la ausencia de un estudio de factibilidad para las obras hizo que las mismas fueran adjudicadas y ejecutadas en condiciones desfavorables, específicamente en cuanto al terreno se refiere”.
Administración desorganizada
La Contraloría tampoco se guarda calificaciones a la hora de afirmar que todo esto ha pasado porque el control interno de la Gobernación, a nivel general, “presenta un manejo administrativo desorganizado”, y explica que esto se nota por ejemplo en la falta de asignación de responsabilidades, “recayendo la toma de todas las decisiones en la máxima autoridad”, que sería el gobernador, dejando al descubierto de paso “el desconocimiento de lo establecido en las legislaciones y normativas vigentes”.
Para sustentar las conclusiones emitidas, la Contraloría dio a conocer un informe final de 118 páginas, con imágenes de las diferentes obras, como por ejemplo la construcción del polideportivo cerrado de Azote’y, donde se verificó que la obra está paralizada, con materiales en estado de abandono, desmoronamiento del terreno en las bases y pilares y otras deficiencias. El informe también critica las condiciones en que se llevó a cabo un proyecto de empedrado en Horqueta.
Ante todo esto, la Contraloría dice que la Gobernación deberá “exigir por donde corresponda el cumplimiento de las especificaciones técnicas establecidas y la reparación de los vicios detectados en la construcción”, además de penalizar las deficiencias y recurrir al ámbito judicial si surge responsabilidad civil o penal.
Fuente: ABC
C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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