Se cumplen 200 días del secuestro de Arlan Fick
- Arlan Fick, el joven de 17 años, cumplió hoy 200 días en poder de la guerrilla del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que también mantiene secuestrado a un suboficial de la policía desde el 5 de julio.
El prolongado cautiverio de Fick, que tenía 16 años cuando fue secuestrado, se mantiene pese a que a la familia reveló hace meses que pagó un rescate económico a la guerrilla para su liberación.
Fick fue capturado el pasado 2 de abril en una finca rural en la localidad de Paso Tuyá, en el departamento norteño de Concepción.
La familia dijo días después que abonó un rescate de 500.000 dólares, además de distribuir alimentos por otros 50.000 dólares y divulgar un vídeo propagandístico, como le exigió la guerrilla, que sin embargo no lo liberó.
El pasado mayo Alcides Oviedo, un líder histórico del EPP que está encarcelado por secuestro desde 2004, condicionó en una carta la entrega de Fick a la liberación de los presos de ese grupo.
El otro rehén del EPP es el suboficial de policía Edelio Morínigo, de 24 años, secuestrado el 5 de julio.
El pasado martes se cumplió un ultimátum dado por el EPP, que dijo que mataría a Morínigo si el Gobierno no liberaba a seis presos de la guerrilla, en una carta divulgada el 30 de septiembre.
Sin embargo se sigue sin tener noticias del policía, si bien el Gobierno aclaró que no accedería al canje.
El Gobierno atribuye al EPP 38 asesinatos, entre civiles, militares y policías. Fick ha superado el tiempo de cautiverio del ganadero Fidel Zavala, quien fue secuestrado el 15 de octubre de 2009 y liberado 94 días después tras el pago por parte de la familia de un rescate de 550.000 dólares.
La retención más larga atribuida a miembros del EPP fue la de Cecilia Cubas, hija del expresidente Raúl Cubas Grau, quien fue secuestrada en septiembre de 2004 y hallada sin vida en febrero de 2005
EFE
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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