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21 ago 2015

Excombatiente festejó sus 102 años

CONCEPCIÓN. El excombatiente de la Guerra del Chaco (1932-1935) Asunción Garcete, más conocido como Don Karaícho, cumplió 102 años y lo festejó con familiares, amigos y vecinos de la ciudad de Sargento José Félix López, conocida como Puentesiño, a unos 200 kilómetros de la capital del primer departamento.
Don Asunción Garcete recibe las felicitaciones de su esposa, Eladia Argüello, por sus 102 años. / ABC ColorEl héroe está casado hace 72 años con Eladia Manuela Argüello de Garcete (90), conocida como Ña Nena, goza de buena salud y no tiene inconvenientes a la hora de comer, su postre preferido es miel con maní.

Del matrimonio nacieron 13 hijos, de los cuales 10 viven, quedaron 8 mujeres y 2 hombres. Durante la contienda en el Chaco, como casi todos los jóvenes de su época, fue al frente de batalla para defender al Paraguay. Estuvo en el cuartel en Puerto Pinasco junto a dos de sus hermanos, Rosalino y Gabriel. Luego de la guerra trabajó en estancias de la zona noreste del primer departamento.

Don Karaícho nació el 15 de agosto de 1913 en San Carlos del Apa. Sus familiares aseguran que el abuelo está bien de salud, en sus comidas solo utiliza aceite de oliva y su menú es variado. 

Don Asunción Garcete es fanático del club Olimpia y del Partido Liberal, al igual que su esposa no usa ropa de color rojo. Su distracción es sentarse frente a su casa en una hamaca y mirar pasar a los transeúntes, asimismo le gusta observar a los animales que tiene en su corral.


ABC

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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