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23 feb 2016

LECTURA: La ciudad rebelde o Concepción vista con ojos de escritora

Maribel Barreto toca, en esta nueva novela, una parte crucial de nuestra historia colmada de disputas, insurrecciones y levantamientos. Titulada La ciudad rebelde – refiriéndose a Concepción, capital del primer departamento- Maribel cuenta la revolución del 47, su desarrollo, su desenlace y sus consecuencias.  
EL RINCÓN DE LECTURA: La ciudad rebelde o Concepción vista con ojos de escritora
Tapa del Libro
Ella ha tocado varios géneros dentro de la literatura, como el cuento, la novela, la literatura infanto-juvenil y el área de libros de textos, porque a su vocación de docente une la pasión por la narrativa.

Ahora, entrando ya en el tema, puedo decir que ésta es una novela experimental, moderna y que está escrita con lineamientos muy actuales. Uno de sus rasgos es la polifonía, el lector comprueba que no hay una narradora omnisciente que cuenta la historia, no, cada personaje toma la palabra y en diálogos con alguna hija o con el marido, va desmenuzando la memoria de los días, aventando las cenizas de las penas que producen las pérdidas que van sufriendo. Se cuentan los pequeños y grandes desaires de los que son víctimas por parte de los vencedores de esa contienda corta pero muy intensa.

Y así, el lector, situado como testigo de esas conversaciones, va hilando su propia concepción de la historia. Ese es el lector macho que deseaba Cortázar, un lector que se involucre, que sienta todo lo que sienten esas mujeres que aguardan el resultado de otra lucha fratricida. Maribel Barreto como autora neutral, retrata la época y el pensamiento de esas mujeres sin recargar las tintas, cosa que hubiera sido fácil, pero ella se refrena y trata de ser lo más objetiva posible, solo muestra la punta del iceberg, como decía Hemingway.

A finales de los 40 las mujeres, las mujeres paraguayas, las de un buen pasar económico que vivían en una ciudad del interior ni imaginaban que podían rebelarse contra esa actitud belicosa de sus hombres, siempre ansiosos por algún combate. No habían conocido a Lisístrata y no se les ocurrió hacer una huelga de sexo para que sus maridos recapaciten. 

En menos de 77 años la patria se desangraba por tercera vez. Y ellas, sumisas y discretas, abnegadas, sacrificadas – tal como lo manda el imaginario colectivo paraguayo – quedaban en el hogar a realizar el milagro cotidiano de transformar carencias en alimentos y lágrimas en abrazos protectores.

Aun cuando Porota y otras esposas sufren violaciones, estrecheces, miedos y un descenso social, aun así, ellas, parangonadas a la patria, símbolo del hogar que añoran los guerreros, los esperaron fieles y cariñosas. Los acunaron cuando volvieron exhaustos y humillados, curaron sus heridas externas y las del alma y volvieron a conseguir que la vida continúe.

En La ciudad rebelde las hijas de estas matronas habían visto que sus madres sufrieron mucho y ellas decidieron ser diferentes, tuvieron actitudes más osadas y se animaron a ir en busca de un reencuentro con sus novios sin haber pasado por la iglesia, confiadas en que el sentimiento es más fuerte que cualquier trámite eclesial.

Concepción ya nunca más fue la opulenta perla del Norte, ciudad que se contemplaba en ese rio que la abrazaba, hubo un antes y un después de la Revolución del 47 y sus habitantes nunca dejaron de añorar el pasado aunque sin desdeñar el presente y el futuro.

La ciudad rebelde cubre un vacío en nuestra narrativa y contribuirá a cerrar una herida todavía abierta, es una novela que habla en tono bajo, sin estridencias, una novela muy paraguaya y muy amena.

Por Lita Pérez Cáceres

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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