Diócesis de Concepción con nuevos diáconos
CONCEPCIÓN. Un total de cinco jóvenes fueron ordenados diáconos el sábado pasado en la catedral de la Santísima Concepción del Paraguay de esta ciudad por monseñor Miguel Ángel Cabello Almada, ante una multitud compuesta por feligreses y familiares que llenaron el principal templo de la diócesis departamental.
Tres de los nuevos diáconos ordenados son de comunidades rurales del primer departamento y dos de Amambay.Los nuevos servidores de la Iglesia Católica del departamento de Concepción son: Zacarías Acosta Rodríguez oriundo de la comunidad de Hugua Rivas La Asunción, distrito de Loreto; Derlis Martín González Coronel, de la localidad de San Blas, distrito de Concepción; y Fidel Antonio Velázquez Cano, de la ciudad de Loreto. Los ordenados del departamento de Amambay son Benedicto Páez Benítez y Éder Gregorio Rojas Quintana, ambos de la ciudad de Pedro Juan Caballero.Durante su homilía el obispo de la diócesis que comprende los departamentos de Concepción y Amambay dijo que de ahora en más los nuevos diáconos ordenados deben ser servidores y portadores de la palabra de Dios, debiendo intensificar su espíritu y convertirse en ministros de la oración. Asimismo se encuentran habilitados para administrar algunos sacramentos a los fieles católicos. También felicitó a los jóvenes que decidieron entregar sus vidas a Dios.Una gran cantidad de personas participaron de la ordenación diaconal y colmaron el templo de la diócesis de Concepción; tras el termino de la celebración religiosa se compartió un almuerzo entre la feligresía.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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