San Pedro: Pequeños productores exportan a Europa
Numerosas familias de los distritos de San Pedro de Ycuamandyyú, Nueva Germania, San Pablo, Santa Rosa del Aguaray y Antequera, del Departamento de San Pedro se dedican a producir cáscara de naranja agria y más de 250 mil kilos al año se exportan a Europa, dejando buena ganancia a los pequeños productores.

La Cooperativa La Norteña Ycuamandyyú Ltda. realiza el acopio del producto.
Según explicaron los productores de la Colonia Andrés Barbero, del distrito de San Pedro de Ycuamandyyú, es el único rubro rentable en la zona. La mayoría se dedica a la producción de la cáscara de naranja agria, que realizan con todos los integrantes de la familia. El mercado es la Cooperativa la Norteña Ycuamandyyú Ltda., ubicada en la capital del Departamento de San Pedro, el mismo se dedica al acopio del producto pagando en el local 2.500 guaraníes por cada kilo.

Las familias de la zona expresaron que es un rubro que les deja ganancia.
Juan Villalba, productor de la Colonia Andrés Barbero, mencionó que “todos nos dedicamos a la producción de la cáscara de naranja agria porque no existe otro rubro que deje ganancia en esta zona. Con este rubro nos defendemos bastante bien, cada uno tiene las plantas de naranja agria en su casa, otros que tiene como vecino a los ganaderos y les regalan las frutas para pelarlas, luego colgamos la cáscara a todo lo largo del alambre para el secado y finalmente la metemos en bolsas de arpillera para vender”.
El gerente de la Cooperativa La Norteña Ycuamandyyú Ltda., ingeniero Pedro David Torres, explicó a este medio que “nos dedicamos al acopio del rubro y cada año exportamos a Europa más de 250.000 kilos de la cáscara de naranja agria, equivalente a US$ 450.000, aproximadamente”.
Mencionó, además, que la cooperativa asiste a los pequeños productores con créditos, anticipo y asistencia técnica. También se dedica al acopio de todos los productos aromáticos y esencias en la zona.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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