“Condonación de deudas no conviene al campesinado”
HORQUETA. El gerente del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH), Alcides Palacios, dijo que la condonación de deudas que piden los campesinos no es conveniente para el campesinado.
Palacios, quien se encuentra de visita en esta ciudad, señaló que si el gobierno aprueba la condonación de las deudas, el CAH se descapitalizará y los agricultores ya no tendrán créditos para sus cultivos.Manifestó que los campesinos necesitan de herramientas y educación para producir con calidad y comercializar sus productos en un mercado seguro. Sin embargo, lamentó que un gran porcentaje de prestatarios de la entidad crediticia, que reciben sus préstamos, no inviertan en sus fincas.En ese sentido, afirmó que son campesinos irresponsables que en vez de mejorar sus fincas gastan el dinero que reciben en ‘vyroreises’ varios y en consecuencia no pueden pagar sus deudas.Por otra parte, resaltó que en Paraguay contamos con labriegos que trabajan como debe ser y son ejemplos para los demás porque nada les falta.También dijo que los campesinos chilenos son los más capacitados de Latinoamérica, porque cuentan con todas las herramientas para cultivar sus productos como la frutilla, granos, hortalizas, frutas, otros rubros, ganados vacunos y vacas lecheras. Señaló que estos campesinos producen y elaboran con calidad para vender sus productos en mercados seguros. Sostuvo que los labriegos compatriotas en lugar de prostestar deberían unirse para acceder a capacitaciones que les permitan desarrollar sus fincas y mejorar el nivel de vida de sus familias.Finalmente, anunció que el 24 de marzo estará en Horqueta la presidenta del CAH, Amanda León, para abordar el tema de las deudas con los prestatarios morosos.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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