Dos hermanos se unen a su madre luego de 42 años
CONCEPCIÓN.- Con una gran muestra de alegría, dos hermanos oriundos de Alto Paraguay se reencontraron esta semana en Concepción con su madre, tras 42 años de ausencia. Las redes sociales ayudaron para el emocionante logro.
Se trata de Osvaldo (59) y Eduardo Ortiz Vallejos (60), quienes muy jóvenes salieron de su familia en busca de trabajo cuando aún vivían en Puerto Esperanza, Alto Paraguay. Ambos pudieron tener noticias de su madre a través de las redes sociales, en las cuales sus hijos obtuvieron informaciones.Esta semana llegaron al barrio Primavera de Concepción a la casa de su hermana Dolores Ortiz, donde encontraron viva a su madre, Fidolina Plácida Vallejos Vda. de Ortiz, de 84 años. “Gracias a Dios volví a ver a mis hijos, a quienes consideré ya perdidos”, dijo la mujer.La madre comentó que Osvaldo fue a trabajar a una estancia en 1975 y Eduardo en 1979. “Nunca más supe de ellos, porque por la permanente crecida del río Paraguay nos mudamos a Concepción, de donde fui a vivir en Remansito (Pdte. Hayes)”, explicó doña Fidolina.Osvaldo comentó que volvió hace años a Bahía Negra en busca de su familia, pero que ya no la encontró, sin saber hacia dónde fueron. “Volví a recorrer las estancias y fui a parar a Puerto Esperanza, Bolivia, donde resido y tengo 11 hijos”, señaló. Comentó que él vuelve a ver a su madre después de 42 años y a su hermano Eduardo después de 30 años.Eduardo dijo que fue a trabajar hacia Brasil y reside en la zona de Campo Grande. “Mis hijos (10) se rebuscaron a través de las redes sociales y lograron comunicarse con sus primos y es así que pudimos reencontrar a nuestra madre”, señaló en idioma portugués. Proyectan para diciembre próximo juntar a las dos familias de Osvaldo y Eduardo y los demás hermanos con la madre y abuela, que hoy ya es viuda.
UH
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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