Fallece el salesiano padre Carlos Heyn
El sacerdote salesiano Carlos Heyn falleció este sábado a los 80 años de edad. Sus restos son velados en la parroquia Domingo Savio de la ciudad de Fernando de la Mora. El mismo fue un reconocido historiador, docente y autor de varias obras literarias.
La noticia del fallecimiento fue dada a conocer hoy en horas de la mañana.El padre Heyn se encontraba en la Casa de Descanso Sacerdotal que se encuentra dentro del predio de la parroquia Domingo Savio, la cual forma parte de la Congregación Salesiana en Paraguay.Los restos del sacerdote son velados en dicho templo parroquial, mientras que mañana domingo se realizará la misa de cuerpo presente a las 15:00 horas. Posteriormente, será enterrado en el Cementerio de los Salesianos.Carlos Antonio Heyn Schupp, oriundo de Concepción, falleció a los 80 años de edad. Fue un reconocido sacerdote, docente, historiador y miembro de la Congregación Salesiana.Durante varios años se desempeñó como Juez Eclesiástico en el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Asunción. También fue rector del Santuario María Auxiliadora, decano en el Instituto Superior de Teología de la Universidad Católica de Asunción (UCA), profesor de varias cátedras en la UCA, además de director de varios colegios e institutos salesianos.El padre Heyn es autor de varias obras literarias. En total, escribió 15 libros y opúsculos sobre la Historia de los Salesianos en el Paraguay, y otros 6 libros de temas eclesiásticos, históricos y biográficos, según señala el Portal Guaraní.En su currículum se destaca un doctorado en Derecho Canónico obtenido en la Pontificia Universidad Salesiana de Roma.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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