Dialogar, pero pagar deudas
CONCEPCIÓN. El ministro de la Corte Suprema de Justicia Miguel Óscar Bajac Albertini dijo en esta ciudad que se debe llegar a una solución pacífica con los grupos armados, pero sin olvidar que tienen deudas con la sociedad y que la deben pagar.

Aseguró que no ha tenido respuesta del EPP sobre sus declaraciones, en donde había pedido de dialogar con los secuestradores.
Según el alto magistrado se deben tener en cuenta que en la zona norte del país se tiene mucha población juvenil que necesita trabajar y para que eso ocurra los inversores requieren seguridad.
Sobre la falta de oportunidades para la gente joven que vive en el departamento de Concepción, el ministro señaló: “El estado está lleno y ya no puede dar trabajo. Los empresarios deben venir a esta zona y dar trabajo a la gente y pagar bien a sus empleados”, sostuvo.
“Le digo a los empresarios, a las embajadas que vengan a invertir aquí, nosotros les vamos a cuidar a ayudar. No creo que puedan haber motivos para que no se instalen en la zona y puedan dar trabajo a la gente”, dijo.
Se refirió a sus declaraciones realizadas el 14 de febrero último en la ciudad de Belén, donde hizo un llamado a los miembros del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo para dialogar y concretar la paz en el norte de la Región Oriental del país.
“Lo que quiero es que la gente que tiene deuda con la sociedad la pague, pero no tienen derecho que esos problemas se transmitan aquí a la sociedad donde escasea fuente de trabajo”, refirió.
En otro momento, el ministro de la Corte ratificó que no ha recibido la respuesta del EPP sobre su pedido de diálogo.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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