Sigue juicio para miembros de la ACA
CONCEPCIÓN. El juicio a tres hombres que se identificaron como miembros de la Agrupación Campesina Armada (ACA) en el 2016 prosigue hoy. Las personas juzgadas habían tomado de rehenes a miembros de la familia Silva Smith.
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| Jose Ignacio Amarilla Zarate |
La diligencia se inició el lunes último con la lectura de las resoluciones y declaraciones testificales de agentes policiales que participaron del caso. Hoy, a las 8:00, en el Palacio de Justicia de Concepción se reinicia el juicio oral ante los jueces Richard Alarcón, Fulvio Salinas y Honorina Acosta.
Los juzgados son Efraín Cañete Duarte, José Ignacio Amarilla Zárate y Raúl Agustín Riella, acusados de toma de rehenes, robo agravado, extorsión agravada y extorsión. El hecho ocurrió el 16 de diciembre de 2016, cuando los acusados llegaron a la estancia “Overa”, ubicada en la colonia Sapucai, distrito de Yby Yaú, propiedad de la familia Silva Smith. En esa ocasión, los tres hombres tomaron de rehenes a los peones de la hacienda en horas de la madrugada. Posteriormente, redujeron a los hermanos Hernán e Iván Silva Smith.
De acuerdo al relato de las víctimas, los acusados en esa ocasión se identificaron como miembros de la ACA y vestían pantalones parapara'i, remeras negras con la inscripción “ACA”; y uno de ellos tenía una gorra en la que también se leía “ACA”. Al principio, exigían G. 300 millones, pero luego de negociaciones bajaron sus pretensiones a G. 150 millones.
Para buscar el dinero, fue liberado Iván. Mientras, su hermano Hernán les dijo a sus captores que ese día tenía una reunión con miembros de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), quienes vendrían a la estancia en compañía de militares. Eso fue un invento para tratar de persuadir a los delincuentes. Allí los supuestos miembros de la ACA dejaron ir a Hernán para que este pudiera ir al encuentro de las personas, mientras los ahora acusados se quedaron en la hacienda manteniendo de rehenes a los peones.
Como los hijos del dueño de la estancia no volvían, los tres hombres se fueron de la propiedad, no sin antes anotar el número de teléfono del capataz, a quien en el transcurso de la mañana uno de ellos lo llamó para saber si los patrones ya contaban con el dinero. El monto nunca fue pagado.
Las fuerzas de seguridad ya venían investigando a Cañete Duarte y Amarilla Zárate porque se tenían informaciones de que ambos formaban parte de la ACA, pero no se sabía con certeza si eran del grupo armado o de apoyo logístico. Incluso se habían encontrado fotografías de ambos en campamentos del grupo armado.
Efraín Cañete Duarte fue detenido meses después en Pedro Juan Caballero, en tanto que José Ignacio Amarilla y Raúl Agustín Riella fueron detenidos en Ciudad del Este.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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