Escuela Presidente Franco inicia clases sin muralla completa
La emblemática Escuela Presidente Franco de Concepción iniciará las actividades académicas con la muralla caída, ya que no le alcanzaron los recursos propios para completar la obra. La Gobernación prometió ayuda, pero hasta el momento nada se ha concretado.

La institución perdió el año pasado toda su muralla del sector sur, a causa de un temporal, y con recursos obtenidos en colecta pública, feria de comidas y festivales pudo levantar el 50 por ciento de la misma, aproximadamente 50 metros. Para esta obra se contó con el apoyo de la Asociación de Profesionales de la Construcción de la ciudad, que abarató los costos de la obra.
“Tuvimos el valioso aporte de la Asociación de Constructores, la mano de obra fue barata, porque solo se abonó a los ayudantes albañiles, pero para encarar la otra parte ya no disponemos de los recursos necesarios”, señaló el licenciado Ariel Orrego, director de la institución educativa.
Destacó que actualmente tienen en caja G. 11.000.000, pero que ese dinero está destinado para realizar otras reparaciones en aulas y patios. “El presupuesto de la muralla es de 20 millones de guaraníes, nosotros tenemos 11 millones producto de nuestras actividades, pero ese dinero también debe cubrir otras necesidades como reparaciones y mobiliarios”, señaló Orrego. Destaco que desde la Dirección Departamental le informaron que la Gobernación presupuestó 40 millones de guaraníes para la obra completa de la muralla, pero que lamentablemente nunca se concretó. Orrego no ocultó su preocupación por la seguridad de los niños, ya que la escuela está en pleno centro de la ciudad, pero resaltó que necesariamente deben iniciar el año escolar en esas condiciones.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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