Belén: Padres organizan rifa para reparar escuela que fue azotada por el temporal
Cinco meses después de que un temporal destruyera la escuela de sus hijos en Belén, Concepción, y sin respuestas de instituciones, los padres de alumnos organizan una rifa solidaria para reparar la casa de estudios. Las clases arrancarán en la Iglesia de la comunidad, bajo los árboles y del techo del oratorio.
Padres de familia de la Escuela Bernardino Alvarenga, de la localidad de Santa Cruz, distrito de Belén, organizan una rifa solidaria con el objetivo de recaudar fondos para la reparación de la infraestructura gravemente dañada por el temporal que azotó la zona en setiembre del año pasado.
La iniciativa cuenta con el apoyo de ex alumnos de la institución, quienes colaboraron con la donación de 14 premios. El costo de cada número es de G. 10.000 y el sorteo se realizará el próximo 28 de febrero.
Según informó la directora, Lic. Catalina Galeano, los padres decidieron impulsar esta actividad luego de haber recurrido a las instituciones pertinentes en busca de ayuda, sin respuesta inmediata.
Explicó que el temporal, ocurrido el pasado 21 de setiembre de 2025, dejó a la escuela no solo sin techo en varias áreas, sino también sin equipos informáticos, lo que complica el normal desarrollo de las actividades académicas.
Ante la crítica situación, las clases iniciarán el 23 de febrero en el local de la Iglesia de la comunidad. Las aulas funcionarán bajo los árboles y el techo del oratorio, mientras que para la preparación de los alimentos se utilizará la sacristía del mismo recinto.
Desde el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) anunciaron que en marzo comenzarían las obras de reparación de algunas de las aulas afectadas.
Mientras, la comunidad educativa apela a la solidaridad ciudadana para garantizar condiciones mínimas a los estudiantes.
Fuente: UH
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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