Aseguran que cabecillas del EPP están en estancias de narcos,
El diputado liberal de San Pedro, José Ledesma, indicó que la verdadera zona de influencia del Ejército del Pueblo Paraguayo está en Tacuatí, Kurusú de Hierro y parte de Concepción. Además, expresó que la alianza entre los epepistas y narcotraficantes es muy fuerte. Pidió que los militares dejen de infundir temor en el norte.

Es importante que estos grupos (militares y policías) estén en la zona norte pero no podés irte a San Pablo Kokuere, que queda al costado del distrito de Choré, donde nada tiene que ver en el tema criminal. Se van, llegan a las casas de gente trabajadora, honesta y servicial, a alta horas de la noche e irrumpen sin oficio judicial, eso está mal", sostuvo el legislador del PLRA.
El exgobernador de San Pedro señaló a la 780 AM que recopilará todas las denuncias sobre supuestos abusos registrados durante las intervenciones en busca del EPP y las presentará al pleno de la Cámara Baja.
Ledesma dijo que la verdadera zona de influencia del Ejército del Pueblo Paraguayo se localiza en Tacuatí, Kurusú de Hierro y parte de Concepción. "Es importante que ellos (militares y policías) estén en el lugar donde opera el grupo y que también puedan entrar en los lugares donde están los narcos, ahí están los cabecillas del EPP escondidos", expresó el parlamentario.
Enfatizó que la dirigencia del grupo criminal y terrorista trabaja estrechamente con los narcos y a su vez "sintonizan" con algunos organismos que supuestamente tiene que cuidar a la ciudadanía.
"Hay que atacar el problema de raíz, la ita'yrakuera nio oî ka'aguype pero la cabecillakuera oîmba'a propiedad guasúpe narcokuerandive (sus hijos están en los montes pero los cabecillas están en las grandes propiedades de narcotraficantes). El EPP es el patron guasu en la zona porque maneja mucho dinero y esta en el cultivo y tráfico de marihuana y de cocaína", sentenció.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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