Menores en filas de la ACA
Documentos incautados del campamento de la Agrupación Campesina Armada (ACA) desmantelado ayer en Concepción, confirman que dos adolescentes forman parte del grupo criminal y estuvieron presentes en el enfrentamiento con la FTC.
Las evidencias incautadas revelan que el precario campamento en zona de Tacuara, distrito de Horqueta, Concepción, estaba siendo ocupado por dos adolescentes de 15 y 17 años respectivamente, además de Alicio Florenciano Vega (24), oriundo de Pedro Juan Caballero, hermano de Eduardo Florenciano Vega, quien fuera abatido el pasado 19 de setiembre en este distrito y del “polibandi” Carlos Florenciano Vega, suboficial segundo de la policía detenido a inicios de septiembre por un millonario asalto en el estacionamiento del Banco Amambay, registrado agosto pasado.
Estas tres personas sería nuevos integrantes de la agrupación, según había explicado el vocero de la FTC, el teniente coronel Víctor Urdapilleta.
Conforme los datos recabados, las demás personas que habitaban el campamento eran los hermanos Albino y Alfredo Jara Larrea, ambos exmiembros del primer anillo del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), quienes decidieron separarse y formar el otro grupo criminal que mantiene en vilo al norte del país, la ACA.
Todas estas personas lograron escapar ilesas luego de que fueran sorprendidas por las Fuerzas de Tarea Conjunta ayer a la mañana, durante un rastrillaje en la zona, que se realizó luego de un trabajo de inteligencia.
El operativo, que contó incluso con apoyo aéreo, no arrojó los resultados esperados, ya que todos los miembros de la banda criminal se fugaron ilesos de la refriega.
ABC
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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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