Otro cumpleaños sin Edelio Morínigo
Concepción.- Apolonio Morínigo, padre del suboficial Edelio Morínigo, cumple hoy 56 años. Este es el segundo cumpleaños que pasa sin la presencia de su hijo, quien está secuestrado desde hace 585 días por el EPP.
La familia del suboficial Edelio Morínigo, quien está secuestrado en manos del grupo criminal EPP, se prepara para compartir un modesto almuerzo en honor al cumpleaños numero 56 de don Apolonio Morinigo.
"Estamos pasando un día especial para la familia, pero estamos otra vez sin Edelio y eso nos pone tristes. Él siempre se encargaba de organizar el cumpleaños de su padre y por eso nos afecta mucho esta fecha. Él (don Apolonio) siempre espera compartir de nuevo con su hijo, quien siempre le organizó el cumpleaños", dijo Obdulia Florenciano, madre de Edelio.
Este es el segundo año que don Apolonio pasa esta fecha sin la presencia de su hijo, según los datos. La madre indicó que, si bien la familia está animícamente muy mal, de igual manera está preparando un asado de carne de chancho, mandioca y ensalada de papa para compartir un modesto almuerzo.
NO LE ATIENDEN LAS LLAMADAS
En otro momento, lamentó que la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) se desentienda del caso del secuestro de su hijo. Agregó que la última vez que tuvo contacto con los miembros de la FTC fue el 21 de diciembre del año pasado y luego ya se llamaron a silencio. "Desde esa fecha nunca más se comunicaron con nosotros. Es más, yo le llamé al comandante de la FTC y no me atiende la llamada", slamentó la mujer.
En otro momento, y ya con la voz entrecortada por las ganas de llorar, indicó que seguirá luchando hasta que sepa algún dato concreto del paradero de su hijo Edelio. "Esperamos que el caso no se quede en el olvido. Voy a seguir exigiendo y luchando por mi hijo. Queremos hablar con el presidente de la República, Horacio Cartes (ANR), él es el responsable de la seguridad del país y debe responder a nuestros reclamos", remarcó Obdulia.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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