Horqueta: Exalumnos cuestionan reforma educativa
HORQUETA. Exalumnos del Centro Parroquial de Educación de los hermanos Maristas de la década de los 70, 80 hasta principios de la primera decada del siglo XXI, cuestionaron que la reforma educativa no adecua a los niños y jóvenes a un mundo globalizado.
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| Higinio Blanco y Zunilda Blanco |
La citada institución es administrada por la congregación de los hermanos maristas, (HH.MM), españoles desde 1969, año en que llegaron a esta ciudad y recibieron la institución para dirigirla. En relación a la reforma educativa, los exalumnos indicaron que la educación debe mejorar con cambios que permitan el desarrollo socio político y económico del pais y formar a los jóvenes para que sean profesionales y accedan a fuentes de trabajo.
Uno de los ex estudiantes del CPE-HH.MM, el escribano público, Rodney Rojas, quien culminó el bachillerato en 1988, señaló que la educación que recibieron de los hermanos maristas fue fundamental para lograr profesionalizarse de acuerdo a su vocación. “Debemos descubrir nuestra vocación para estudiar la carrera que nos gusta, para que luego de recibir el correspondiente titulo desarrollar efectivos trabajos”.
En ese sentido indicó que los padres deben influir en la formación de sus hijos para que estudien y sean disciplinados para llegar a ser profesionales en el campo que les guste, según sus vocaciones.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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