Migracion del campo a la ciudad
Muchos labriegos migraron desde el interior del país a la capital u otras ciudades del departamento Central en búsqueda de fuentes de trabajo con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

Ese es el caso de Éver Luis Ramírez (30), oriundo de Itacurubí del Rosario, departamento de San Pedro, quien dijo que decidió trabajar en el departamento Central como albañil, debido a que como agricultor nada se gana, por el bajo precio de los productos. Ahora vive en Lambaré y trabaja en las obras ejecutadas en el departamento Central.
Recordó que su padre, Afloricio Ramírez, ya fallecido, se dedicaba a la agricultura y lograba buenos ingresos con la venta de algodón y otros rubros hasta mediados de los años '90. Dijo que posteriormente vendió sus tierras de unas 7 hectáreas, razón por la cual él se capacitó en albañilería y sus siete hermanos se capacitaron en otros oficios para trabajar en el departamento Central.
Señaló además que, gracias a la capacitación, trabaja como albañil y sus hermanos como panadero, herrero y en otros oficios de mando medio. Por otra parte, admitió que muchos campesinos que venden sus tierras se mudan al departamento Central, donde no trabajan por no tener otros oficios y caen en el mundo de la delincuencia.
Sostuvo que por esa razón crece la inseguridad en las zonas urbanas e indicó que las autoridades deberían capacitar y ayudar a los campesinos para evitar que vendan sus tierras y migren a la ciudad. Agregó que la educación es fundamental para el desarrollo del pueblo.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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