En Concepción, los oficialistas se tratan de corruptos
El diputado oficialista Alsimio Toti Casco cuestionó a su también correligionario oficialista, pero de otro equipo, el gobernador Luis Urbieta.
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| Toti Casco |
“Yo quiero denunciar la vieja práctica política de presionar a funcionarios públicos a participar en actos políticos en horario laboral”, señaló el legislador colorado Casco, quien busca el rekutu.Casco indicó que el grupo de Urbieta convocó a funcionarios de la Secretaría de Acción Social (SAS) “para un almuerzo en la lujosa y amplia quinta que adquirió el gobernador al costado de la ruta 5 en la cercanía de la capital departamental”, y cuestionó “su rápido ascenso económico”.“En el 2013 no tenía nada para hacer campaña. Hoy me pregunto con qué fondos puede costear actos políticos, almuerzos para numerosas personas y hasta adquirir condominios y vehículos”, dijo.Indicó que el jefe departamental de la SAS, Pedro Achucarro, y la encargada distrital de la SAS en Horqueta, Balbina Torres, “se encargaron de arrear a sus funcionarios para el almuerzo, donde los Urbieta hicieron un encendido discurso político a favor de sus postulaciones electorales”.“Esta es la vieja política tradicional de los corruptos y que tanto daño hizo al coloradismo. Quienes por un pedacito de carne y chorizo quieren comprar al pueblo. Pueden comprar a unos pocos, pero la dignidad de muchos y la dignidad concepcionera no se compra. Condeno enérgicamente esta práctica de política”, denunció el diputado Casco.“No se puede invitar, y mucho menos invitar a funcionarios, a participar de cualquier reunión en horario laboral y menos que vayan a escuchar discursos políticos”, agregó. Casco recientemente, también instó en grupo de WhatsApp a los funcionarios para organizarse para fortalecer su equipo político.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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