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4 jun 2018

Vergonzoso estado de principal vía de acceso a Concepción

CONCEPCIÓN.- La avenida Gualberto Cardús de la ciudad de Concepción, que la une con la ruta a Vallemí, es considerada por los lugareños como la entrada de la vergüenza por el pésimo estado en que se encuentra la importante vía.


Según los vecinos, ni siquiera para las fiestas de la ciudad que se celebraron recientemente, ha sido reparada la calle, que tras las últimas lluvias quedaron destrozadas, causando indignación de los cientos de transportistas y motociclistas que usan a diario la avenida, para el ingreso a la capital departamental y salida de esta.

La Municipalidad abandonó la doble avenida de seis cuadras, mientras el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones demora la firma de contrato con la empresa ganadora de la licitación.

Por tal motivo, continúa el sufrimiento de los miles de usuarios del tramo de 6 cuadras, que se transitan entre 10 y 15 minutos, deteriorando la parte de suspensión de los vehículos.

El 2 de mayo de este año, el ministro de Obras, Ramón Jiménez, había anunciado en Vallemí que en 15 días ya se firmaría el contrato con el consorcio ganador de la licitación; sin embargo, hasta el momento no se ha dado tal firma.

Mientras tanto, la responsabilidad sigue siendo de la Municipalidad de Concepción, cuyo intendente es el liberal Alejandro Urbieta, que ordenó millonarios gastos en Festeja Concepción, pero no en la mejora vial de los accesos al departamento.

UH

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C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS

Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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