En Casado, un pescador desaparecido con 11 días de búsqueda sin resultados
El pescador Antolín Esteban Gómez Torres (42) está desaparecido desde el pasado 3 de julio, después de haber salido de su casa para realizar su trabajo de pesca en el río Paraguay, en Puerto Casado, Departamento de Alto Paraguay.
Sus compañeros lo buscaron en el puerto y aguas abajo, pero desafortunadamente no existen señales de su paradero, a 11 días de su desaparición.
Mediante una colecta, los pobladores juntaron combustible para la búsqueda que se realiza en pequeñas embarcaciones, mientras que la Marina local apenas posee una deslizadora con la cual intenta hallar al pescador.
Se presume que habría caído al río, ya que el desaparecido sufre de epilepsia, según los datos brindados por los familiares, y lleva prácticamente dos semanas sin que existan novedades.
Por su parte, las autoridades ya solicitaron el envío de expertos en rescate para intensificar la búsqueda, pero hasta el momento no llegaron a la zona.
La familia del pescador está desesperada, su madre incluso enfermó y la situación trae recuerdos de una experiencia similar, un hermano suyo se ahogó tratando de cruzar el río, a la altura de Vallemí.
Solamente la canoa que fue prestado por Antolín Gómez fue encontrada y adentro estaban sus herramientas de pesca y restos de comida que había preparado para la pesca.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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