Miembro de ACA recibe una pena de 20 años
El acusado de formar parte de la Agrupación Campesina Armada (ACA), Daniel Rivarola Areco, fue condenado ayer a 20 años de prisión al ser hallado culpable del delito de “asociación terrorista”. Se comprobó que proveía armas, municiones y logística para el grupo criminal, informó el Ministerio Público. Dicho grupo era un desprendimiento de la banda Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

Rivarola había sido detenido el 9 de septiembre de 2015 tras haber abandonado una camioneta en cuyo interior había varias mochilas de la ACA.
La sentencia obtenida por el Ministerio Público señala que le corresponde al reo 15 años de pena privativa de libertad más cinco años de encierro como medida de seguridad. El agente fiscal que intervino en el caso es Joel Cazal.
El ahora condenado formó parte del grupo criminal que ingresó a una vivienda en Paso Senda, Horqueta, donde mantuvieron de rehén a la familia Romero Denis, que fue liberada luego, según los informes. El juicio oral se llevó a cabo en Horqueta, departamento de Concepción.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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