Falleció Mons. Zacarías Ortiz, obispo emérito de Concepción
El obispo emérito de la diócesis de Concepción, Zacarías Ortiz Rolón, falleció a las 20:40 de este lunes en el Hospital Central del IPS mientras era sometido a una cirugía por una afección cardíaca. Sus restos serán velados mañana desde las 8:00 en la parroquia Domingo Savio de Fernando de la Mora.

Mons. Zacarías Ortiz Rolón, obispo emérito de la diócesis de Concepción, falleció esta noche a la edad de 85 años. Ocurrió a las 20:40 en el quirófano del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), mientras era sometido a una cirugía. La causa de muerte fue un paro cardíaco debido a que su corazón ya se encontraba muy debilitado, informó a ABC Color el sacerdote Miguel Ángel Larrea, vicario salesiano.
Sus restos mortales serán velados desde mañana, martes, a las 8:00, en la parroquia Domingo Savio, ubicada en Avda. Mariscal José Félix Estigarribia casi Capitán Rivas, Fernando de la Mora. A las 19:00 se realizará una misa de cuerpo presente en la misma iglesia, y el velorio continuará hasta la medianoche, aproximadamente. Según el padre Larrea, los restos serán derivados luego a Concepción. No se define aún si se realizarán los funerales directamente o si volverán a velarlo en dicha ciudad.
La noticia de su fallecimiento causó mucho dolor y consternación entre los ciudadanos de la ciudad de Concepción, quienes lo consideraban un luchador por las causas justas. Lamentaron la pérdida de alguien que desde el púlpito alzó la voz de los más postergados de la sociedad norteña.
Según informó Aníbal Velázquez, peridista de ABC Color especializado en temas religiosos, Ortiz fue muy querido en todas las comunidades en las que trabajó, y lo caracterizaba por sobre todas las cosas su don de gente y de involucrarse activamente con las necesidades del pueblo. Su gran preocupación era la incidencia del EPP entre los habitantes del Norte, razón por la que criticaba duramente al Gobierno al no poder detener a los integrantes de la banda criminal.
Zacarías Ortiz Rolón nació en Arroyos y Esteros, departamento de Cordillera, el 6 de setiembre de 1934. Realizó sus primeros estudios en su pueblo natal, y después en la ciudad argentina de Córdoba, donde fue ordenado sacerdote en 1965.
Poco después de regresar al Paraguay, fue becado a estudiar en la Universidad Pontifica Salesiana de Roma. Ocupó el curato de varias parroquias y fue el primer inspector salesiano de origen paraguayo. En 1988 fue consagrado vicario apostólico del Chaco y fue presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP).
En el año 2003, Ortiz tomó posesión canónica de la diócesis de Concepción, cuya jurisdicción abarca el primer departamento y el de Amambay. Lo hizo en reemplazo de Mons. Juan Bautista Gavilán. Durante su trabajo en la pastoral social y en su condición de líder de la Iglesia Católica en la zona norte del país, monseñor Zacarías Ortiz acompañó mucho al sector rural, a través de las organizaciones campesinas.
Permaneció como titular de la diócesis del primer departamento por 10 años, hasta que fue reemplazado por Miguel Ángel Cabello en el año 2013, por disposición del papa Francisco. De esta manera, Ortiz pasó a ser obispo emérito de Concepción.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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