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26 abr 2008

Casado ruega por una opción para trabajar

El Indert recibió la donación de 30 mil hectáreas de tierra en Puerto Casado. Ninguno de los políticos que exigía tierra a gritos se presentó a trabajar el lote que por fin tiene al alcance de sus manos. En cambio, el casadeño común ruega por garantías para que Victoria SA pueda reabrir sus puertas.

En Puerto Casado se apiñan 4.500 personas, quienes no tienen nada que hacer.
El día se extiende lánguidamente, las horas se distribuyen entre tomar tereré y tantear suerte con las redes en el río; en ocasiones la suerte se cruza en el camino con la forma de una cabrita extraviada en el monte; otra alternativa es entregar el cuerpo y el alma en las fábricas de cal, en la ribera del departamento de Concepción. Algunas mujeres cruzan a Vallemí con la excusa de vender baratijas.
El comercio termina con el alquiler de su cuerpo. Es una realidad dolorosa que obviamente se intenta ocultar, no son prostitutas en el estricto sentido de la palabra, sino amas de casa que ya no tienen cómo llenar la mesa familiar. Son víctimas de la ausencia de oportunidades laborales. Las mujeres que cruzan ocasionalmente a Vallemí para traer unos guaraníes no son mal vistas en la ciudad; al contrario, un silencio solidario se encarga de guardar las apariencias.
Ni los hombres hablan del tema porque quizás su mujer sea la próxima en verse obligada a utilizar la embarcación que lleva a Vallemí. Conste que Vallemí tampoco es la panacea, la gente apenas vive y la fábrica de la Industria Nacional del Cemento tiene el acceso restringido a personas relacionadas al poder político y sindical.
La ventaja sobre Puerto Casado es que hay trabajo y los beneficios que generan aquellos que tienen una oportunidad laboral se distribuye bien o mal en toda la comunidad.

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C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS

Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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